Si alguien me preguntara quién es mi santo favorito, sin dudar señalaría ex aequo a San Francisco de Asís (1181/2-1226) y a Santo Tomás de Aquino (1224/5-1274). Dos figuras cristianas de muy distinta complexión física, personalidad y espíritu, que vinieron al mundo de manera sucesiva como si fueran dos mellizos en el parto histórico de la cristiandad. Un maravilloso regalo del Creador a la humanidad para enseñarnos, a través del primero, a sentir y a amar, y del segundo a contemplar y a pensar. Y hacerlo como cristianos, pues ambos nos invitan con su ejemplo a desarrollar como hijos de Dios, según la Gracia que se nos entregó a cada uno, lo mejor de nuestras facultades volitivas e intelectivas, esto es, hasta el límite de nuestras capacidades. Y aunque sus imponentes logros siguen hoy generando nuestro asombro y admiración, desde el punto de vista más íntimamente…
Autor: INFOVATICANA
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