«Muerte en el caballo pálido» de Benjamin West.
Santidad, me tendrá que disculpar mi latosa insistencia, pero mi conciencia me urge a volver a dirigirle esta carta abierta con motivo de su mensaje durante el Ángelus del pasado domingo 2 de noviembre, del que he entresacado los siguientes párrafos, que pongo en cursiva, y que comento a continuación.
Así se manifiesta el centro de la preocupación de Dios: que nadie se pierda para siempre, que cada uno tenga su lugar y brille en su singularidad.
Dios podrá estar todo lo preocupado que se quiera, por eso; pero la cuestión es: ¿se puede, de hecho, perder alguno para siempre, es decir: condenar eternamente?; si la respuesta es que sí, ¿de qué sirve entonces la preocupación de Dios?; ¿acaso el que todo lo puede, no va a poder lo que más quiere?; este asunto traté de resolverlo en la carta que sobre la cuestión “de…
Autor: INFOVATICANA
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