Hay un entusiasmo, muy caricaturizado en chistes, películas y novelas, característico de las chicas bien o los niños pijos que dicen sin parar: “¡Genial!”, “¡Estupendo!”, “¡Precioso!”, “¡Millones de gracias!”, “¡Qué encanto!”, “¡Fenomenal!”, ¡etc! En la novela El pastel de piel de patata se ríen también de eso cuando dicen de un personaje: “Debe de tener algún aristócrata escondido en su genealogía; porque puede mirar con benevolencia a media distancia como un duque”. No es tic ni moda ni pose: es consecuencia.
“Ingenuo” viene etimológicamente del que ha nacido en una buena familia romana. Ese abrigo hace mirar el mundo con ojos cándidos en vez de con los ojos resabiados (qué remedio, el pobre) del esclavo o del siervo. El niño pera es, en palabras de San John Henry Newman, “demasiado indolente como para abrigar ninguna mala…
Autor: Enrique García-Máiquez

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