Hay una presión bastante instalada —y sorprendentemente asumida— que consiste en caer bien a todo el mundo. No de manera puntual o en determinados contextos, sino siempre, a todo el mundo y sin margen de error. Se espera una especie de equilibrio constante entre ser cercano, correcto, amable y, a la vez, lo suficientemente interesante como para no pasar desapercibido, pero sin incomodar nunca demasiado.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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