En pleno siglo XVI, mientras consolidaba la reforma tridentina y fijaba para siempre la Misa romana, el Papa san Pío V publicó un documento que hoy dejaría boquiabiertos a muchos prelados contemporáneos. Se titulaba Horrendum illud scelus —“Ese horrible crimen”— y fue promulgado el 30 de agosto de 1568, en el tercer año de su pontificado.
El Papa dominico, canonizado por su santidad y por su celo en purificar el clero, no hablaba en abstracto: denunciaba el “crimen nefando”, la sodomía, cometido por clérigos tanto seculares como regulares. Y lo hacía con la claridad de quien entiende que el sacerdocio no es una profesión, sino un signo visible de Cristo.
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