Criado en una familia católica Detroit, Chris Alar, lo tenía todo en su juventud. A principios de la década de los 2.000 se definía como un católico que «iba a misa cuando venía bien«, demasiado preocupado en su día a día por mantener su alto status económico cosechado con su licenciatura en ingeniería industrial y su MBA en la Universidad de Michigan. Como un «estadounidense mundano que sólo se preocupaba por su novia y su negocio«, todavía estaba muy lejos de llegar a ser el superior provincial de los Padres Marianos de la Inmaculada en Argentina y Estados Unidos.
Tras obtener su licenciatura y el máster, Alar accedió a la gerencia de ingeniería en una gran proveedora del sector automovilístico en Detroit y más tarde fundó su propio negocio, con el que llegaría a facturar millones.
Aquello le permitió disponer desde muy joven hasta dos coches y más dinero del…
Autor: José María Carrera
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