Este 21 de enero, en la memoria de santa Inés, fueron presentados al Papa dos corderos cuya lana servirá —como cada año— para confeccionar los palios que recibirán los nuevos arzobispos metropolitanos. Con este gesto, la Iglesia sigue recordando que la autoridad no es un “cargo” que se asigna, sino un servicio que se recibe, se porta y se rinde.
No es casual que esto ocurra en torno a santa Inés. La Iglesia romana conserva su memoria como la de una joven mártir, símbolo de pureza, de entrega y de fidelidad sin componendas. Y es precisamente ese el contraste: la lana suave, blanca; el testimonio duro, sangriento. La tradición junta lo que el mundo separa: ternura y firmeza, insignia y cruz.
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Autor: INFOVATICANA
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