En los últimos años, la Iglesia ha sido testigo de un fenómeno inquietante. Un desfile de sacerdotes y religiosos que, tras llenarse la boca con discursos progresistas y promesas de «renovación», terminan abandonando el sacerdocio, los hábitos o ambos.
Sus salidas, lejos de ser discretas, suelen estar acompañadas de escándalos, críticas públicas a la Iglesia y, en muchos casos, una buena dosis de protagonismo mediático. ¿Qué tienen en común estos personajes? Lo evidente: el progresismo y la secularización caminan de la mano, dejando un rastro de confusión y descomposición.
Tomemos, por ejemplo, el caso de Blase Cupich, arzobispo de Chicago, quien ha decidido que arrodillarse para recibir la Sagrada Comunión es inapropiado porque interrumpe la «procesión» y desvía la atención hacia el individuo. Esta interpretación no solo contradice documentos…
Autor: Aurora Buendía
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