Por Anthony Esolen
El Papa León publicó esta semana una exhortación apostólica sobre la pobreza. Tal vez debería recomendarla, al menos en parte, como remedio para nuestros males. «Bienaventurados los pobres —dice Jesús—, porque de ellos es el Reino de los Cielos».
La única vez que conocí al santo Padre Benedict Groeschel, estaba demasiado débil para caminar por sí mismo. Éramos varios los que dábamos conferencias a un grupo católico en Boston, en el propio Faneuil Hall, si no recuerdo mal —en el vientre mismo de la bestia secular—. «Si quieres morir una muerte feliz —dijo—, permanece cerca de los pobres». Había vivido entre los pobres toda su vida, así que confío en que sabía de qué hablaba. Que es verdad, no lo dudo. Por qué lo es, esa es la pregunta.
He trabajado duro toda mi vida para que mi esposa y mis hijos —uno de los cuales nunca podrá…
Autor: The Catholic Thing
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