Toda reflexión rigurosa sobre el periodismo desemboca, inevitablemente, en una cuestión de orden moral: ¿a qué instancia última responde el periodista cuando informa? No responde solo al lector, cuya percepción puede ser dirigida; ni al medio, cuya lógica responde a intereses estructurales; ni siquiera al marco legal, siempre insuficiente para regular la ética. El periodismo responde, en última instancia, a la conciencia. Y cuando esta se erosiona, el periodismo deja de ser un contrapeso del poder para convertirse en uno de sus dispositivos más eficaces.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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