Hoy, la liturgia nos introduce en “algo”, que se nos va a decir en la Cuaresma, pero que es necesario hacerlo presente cada día. Tú y yo, somos tentados. Jesús, también se dejó tentar, para pasar lo mismo que cada uno vivimos cada día. El Hijo de Dios no tenía pecado, María tampoco tenía pecado. Cada uno de nosotros hemos sido liberados del pecado original, pero tenemos esa tendencia a no hacer el bien, de la que vamos siendo sanados, en la medida que dejamos que la gracia entre en nuestro interior.
Autor: Belén Sotos
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