Cuando uno tiene el corazón en paz, vive feliz, muy feliz, se encuentra en su lugar, puede haber luchas y problemas, pero sabe que va por buen camino. Es algo que no llega de un día para otro, sino por medio de un proceso de acompañamiento que le muestra por dónde tiene que encaminar sus pasos. Todos empezamos a andar a gatas. Con el paso del tiempo y ayuda, damos los primeros pasos. Y cuando tenemos seguridad en nosotros mismos, caminamos con paso firme, pero sin dejar de lado ni quitar la vista de aquel que nos ha guiado desde que andábamos a gatas. Ver crecer a un niño es algo que ensancha el corazón. Lo mismo sucede a nivel espiritual cuando un sacerdote tiene el gozo de encontrarse con alguien que camina hace tiempo sin ayuda, pero que en su vida interior todavía anda a gatas. Lo ve, se da cuenta que necesita ayuda, se la presta y todo cambia. Comienza una vida nueva…
Autor: Rafael Pascual Elías OCD
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