María es modelo de muchas cosas para el creyente, es ejemplo del más insigne miembro de la iglesia que debe animar al creyente a mirar al cielo y esperar su mismo destino. La asunción de María es garantía y certeza de nuestro final. Esperanza que mana de la fuente primordial: la Pascua de Cristo y su resurrección que es primicia de eternidad para todo mortal. Es la promesa en la que se basa nuestra fe.
Sin embargo, todo esto puede quedarnos lejos si hablamos de la inmaculada concepción y nos fijamos, por tanto, en su ausencia de pecado original.
En cualquier caso, no son estas las claves que me gustaría reseñar sino otra que envuelve, supera y modifica toda esta visión lógica y esquemática.
El ofrecimiento.
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Autor: Diálogos con Dios
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