La restauración de Notre-Dame tras el devastador incendio de 2019 ha sido un milagro arquitectónico y técnico. En una época donde el pragmatismo suele ganar la batalla al respeto por la historia, ver cómo los trabajos se han mantenido fieles al plano original de Viollet-le-Duc es un motivo de esperanza.
Las agujas, las bóvedas y los rosetones han recuperado su gloria, recordándonos que esta catedral no es solo un edificio, sino un testigo vivo de la fe y la cultura de Europa. Sin embargo, entre tanta fidelidad y esmero, el nuevo altar se alza como un contraste perturbador, una nota discordante en una sinfonía que parecía perfecta.
Por un lado, la restauración nos muestra lo que se puede lograr cuando se respeta el pasado. Cada piedra, cada vitral ha sido tratado con la reverencia que merece un símbolo de la trascendencia. El equipo de restauradores comprendió que…
Autor: Jaime Gurpegui
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