Por Randall Smith
A menudo me siento molesto y frustrado en la Misa. No con la Misa en sí, entiéndase bien. Cuando me hice católico, solía irritarme bastante por la manera en que se celebraba la Misa. Pero parte de esas extravagancias de años anteriores parecen haber disminuido un poco. O quizá simplemente tengo la suerte de acudir hoy a lugares donde se celebra mejor. En su mayor parte, estoy agradecido simplemente por poder ir a Misa. Mucha gente no tiene ese privilegio, o arriesga su vida para asistir.
No, lo que me molesta y frustra es mi propia persona, porque mi mente divaga. Eso me resulta extraño y perturbador. Extraño, porque es Cristo mismo quien está presente. Perturbador, porque si no logro escuchar a Dios, ¿a quién voy a escuchar entonces?
Quiero decir: si Cristo estuviera presente no bajo las apariencias del pan y del vino, sino tal como se apareció a los…
Autor: The Catholic Thing
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