En el estado norteamericano de Montana, en las elecciones del martes, se presentaba una propuesta de ley para que se diera a los niños nacidos vivos tras un aborto fallido la misma atención que es obligada para cualquier ser humano. La propuesta fue rechazada por una mayoría de votos.
Ya no vale siquiera esa falacia de “mi cuerpo, mi decisión” (nunca se trató de una decisión sobre el cuerpo de la madre, sino del hijo). Aquí hablamos de un niño fuera del vientre de su madre, es decir, de alguien como cualquiera de nosotros después de nacer.
Esto tan terrible, en infanticidio sin más excusas, es, en un sentido siniestro, una buena noticia: ya no hay argumentos ni excusas ni coartadas falaces. Quieren tener libertad para deshacerse de un hijo, incluso si ya está en el mundo, separado de la madre.
Es común, en columnas y análisis, presentar la malhadada situación de…
Autor: Carlos Esteban

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