Uno pensaría que el circo anglicano ya no podía superarse: tras mujeres-obispos, bendiciones de parejas homosexuales y sínodos que parecen cabarets, llega el gran titular —la “primera arzobispa de Canterbury”. Una dama revestida de rojos y oros, con mitra de souvenir y hisopo en mano, como si de verdad estuviera ocupando la sede de san Agustín.
Lo natural sería que los católicos, al ver semejante esperpento, reaccionáramos con un suspiro de pena… o con una carcajada. Pero no: los obispos de Inglaterra y Gales, con el cardenal Vincent Nichols al frente, se han apresurado a “dar la bienvenida” al nombramiento, como si estuviéramos ante un acto solemne de sucesión apostólica.
El comunicado episcopal es digno de museo: que si “aportará dones personales”, que si “rezamos por ella”, que si “trabajaremos por la unidad” (esa unidad que, por cierto, se…
Autor: INFOVATICANA
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