Por Robert Royal
El Papa León ha estado viajando por Turquía y Líbano, haciendo lo que los papas hacen en tales ocasiones: visitar a líderes religiosos y políticos, firmar acuerdos para un diálogo más profundo, pedir paz y respeto por la dignidad humana. Todo ello es bueno, y este papa lo hace con notable dignidad. Pero no es lo esencial. Y sin lo esencial, las demás cosas tienen perspectivas bastante limitadas. Lo esencial —la razón misma del viaje— es la verdad confirmada en el Concilio de Nicea (Iznik, Turquía hoy) en el año 325 d.C.: que Jesús no fue solo un gran hombre, como incluso muchos seculares hoy conceden, sino que es el Hijo eterno de Dios y el Salvador del mundo.
En efecto, aunque León ha hablado vagamente de algunas controversias teológicas como ya no relevantes, también se tomó el tiempo para advertir en Turquía que, entre nuestros tantos problemas…
Autor: The Catholic Thing
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