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«Un hombre desprovisto de esperanza y consciente de ser así ha dejado de pertenecer al futuro».
Albert Camus. El mito de Sísifo
«Estás en la tierra. No hay cura para eso».
Samuel Beckett. Final de partida.
Podríamos decir que hubo un tiempo un gran lapso en que la literatura cristiana, con toda su variedad, compartía una arquitectura común: el mundo tenía un sentido, la libertad humana importaba y la esperanza natural era razonable; esta nacía y se nutría del Logos y su Gracia, con la virtud teologal homónima como sostén.
Pero, desde que fue expulsado del Paraíso, el hombre y sus ideas, abandonados a su albur, tienden a deslizarse por la pendiente del error y la corrupción.
Desde finales de la Baja Edad…
Autor: Miguel Sanmartín
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