La bochornosa y blasfema burla de la Santa Cena en la inauguración de los Juegos Olímpicos de París ha tenido un aspecto positivo: el de suscitar la reacción de miles de personas ante una provocación de este tipo, muchas de las cuales probablemente no eran conscientes de los numerosos ataques, persecuciones y mofas a los que son sometidos de manera habitual el cristianismo o alguna de sus manifestaciones.
Por doquier aparecen estos días en redes sociales grabaciones en diversos formatos criticando aquella burla, y hasta el Comité Olímpico Internacional se ha visto obligado a hacer una nota, muy tibia ciertamente, en el sentido de que no pretendía herir los sentimientos religiosos. Es probable que de tal estropicio que era visionado por televisión por cientos de millones de personas se saquen resultados positivos en el sentido de que los cristianos seamos más conscientes…
Autor: Daniel Arasa
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