Por: Helder Red | Publicado originalmente en italiano en: Rome Today
En Roma aún resonaban los ecos de los festejos por la elección del primer Pontífice estadounidense. La bella estación había abierto las famosas terrazas, en las que la nobleza romana, católica, apostólica y papalina, competía por acoger a los poderosos del momento. Invitados codiciados y habituales eran los Cardenales, príncipes de la Iglesia de Roma, recién salidos de las fatigas del Cónclave, siempre en el centro de la atención de los anfitriones de turno, jamás vulgares; emblema tangible de un poder silencioso y milenario, y por ello acostumbrados a no ser ostentosos. Su presencia o su ausencia bastaba por sí sola para calificar una recepción.
La noche era cálida y acogedora; desde aquella terraza Roma se desplegaba magnífica e imponente, milenaria e inquieta como una adolescente. Una brisa…
Autor: INFOVATICANA
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