Cuando Anna Carter rememora sus 5 años, admite que por su mente pasan imágenes tan dispares como ella misma yendo a misa, jugando con barbies y coches o junto a una serie de amistades que no tardaron en volverse «anormalmente físicas«, teniendo en cuenta su temprana edad.
Era pronto para que pudiese tomar decisiones conscientes, pero eso no la impidió tener una percepción distorsionada de la sexualidad que la llevaría a la atracción por otras chicas. Solo tras encontrarse a sí misma -o como dice, «tras ser encontrada»- podría vivir su acorde a su fe y, con ella, ayudar a otros en su situación.
Tal y como cuenta Carter en la página de Eden Inivitation, apostolado fundado por ella misma para el acompañamiento a personas homosexuales y con otras tendencias del acrónimo «LGBTQ», en algún caso se enamoró de otro chico al empezar la Secundaria, pero con quien quería estar…
Autor: José María Carrera
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