Han pasado casi dos semanas desde el fallecimiento, el pasado 15 de julio, víspera de la Virgen del Carmen, de Pablo Alonso Hidalgo. El joven de 21 años, perteneciente a una comunidad del Camino Neocatecumenal en Salamanca, había dejado a su novia porque quería ser carmelita y se le autorizó a hacer su profesión solemne in articulo mortis. Fue así como el 25 de junio se convirtió en fray Pablo María de la Cruz. Su funeral fue una celebración de la alegría de acudir al encuentro del Amado.
El impacto de su vocación y muerte no acabó ahí, porque tanto quienes ya le conocían como quienes han conocido su testimonio a través de los medios y las redes han llegado al punto que él quería: hacerse preguntas.
Tocar el corazón de los jóvenes
«Cuando Pablo dejó todo preparado, tenía dos ideas«, recuerda su hermana Miriam: «La primera, que el funeral fuera una fiesta…
Autor: ReL
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