La narrativa dominante repite que Franco, como un faraón orgulloso, se diseñó su propio mausoleo y reposó en él rodeado del sufrimiento de miles de esclavos. Sin embargo, la documentación histórica desmiente esta construcción ideológica. En el libro Eternamente Franco, Pedro Fernández Barbadillo recuerda, apoyándose en los registros del médico Ángel Lausín, que las muertes durante la obra ascienden a quince, entre presos y trabajadores libres, en casi una década de trabajos —una cifra muy distinta de la que alimenta el imaginario progresista— y que los presos acudían voluntariamente al Valle para redimir sus condenas más rápido, cobrar un sueldo y vivir con sus familias.
En Cuelgamuros había escuela, matrimonios, bautizos, comuniones. Se parecen muy poco —por no decir nada— a los campos de exterminio con los que hoy se intenta trazar paralelismos forzados….
Autor: INFOVATICANA
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