La constitución apostólica Universi Dominici Gregis que promulgó en 1996 el Papa Juan Pablo II para regular la sede vacante y la elección del Romano Pontífice es muy clara al obligar a los cardenales electores a «mantener escrupulosamente el secreto sobre cualquier cosa quede algún modo tenga que ver con la elección del Romano Pontífice».
Los participantes en el cónclave se obligan mediante juramento a «no violar de ningún modo este secreto tanto durante como después de la elección del nuevo Pontífice», pero la fórmula añade «a menos que sea dada autorización explícita por el mismo Pontífice».
Se entiende, pues, que Francisco se ha autorizado a sí mismo a contar hechos y circunstancias del cónclave de 2005, en el que fue elegido Benedicto XVI, para un libro-entrevista titulado El sucesor del que ofrece este domingo una primicia ABC, pues su autor es el…
Autor: ReL
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