El 6 de julio de 1439, el Papa Eugenio IV rubricaba el Decreto para los griegos de la bula Laetentur caeli del Concilio de Florencia. Mucho se ha estudiado sobre las repercusiones que este documento tuvo para el reconocimiento universal en la procedencia del Espíritu Santo del Padre y del Hijo, en el uso del pan ácimo para la consagración o en la definición de los novísimos. Pero quienes ostentan alguna autoridad en el poder temporal, también podían sentirse aludidos ante un mensaje: el del «primado sobre todo el orbe» que correspondía al Sumo Pontífice.
Se trata de un aspecto que a juicio de José Luis Rubio Willen, sacerdote y director de la Comisión de Beatificación de Isabel la Católica, es crucial no solo para entender la personalidad de la reina -nacida 11 años después del concilio-, sino también su perfil teológico, espiritual e incluso, lo que confía en que…
Autor: José María Carrera
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