Una y otra vez, cuando a los sociólogos cristianos les preguntan qué puede hacer un cristiano para salvar el mundo, mejorar la sociedad o ayudar a la Iglesia, su respuesta es: ante todo, cásate, ten hijos, edúcalos bien.
Las tres cosas son cada vez un poco más difíciles en nuestros días.
En las culturas tradicionales, los hijos crecían trabajando con su padre, bien en el campo o en un taller, como Jesús aprendió a trabajar en el taller de San José, que además debía estar en casa o muy cerca. Había cercanía física y los niños aprendían tal como la naturaleza les ha programado: mirando e imitando al adulto. Siempre se podía hacer un alto en la tarea para hablar.
Sin embargo, en nuestra época los padres trabajan lejos de los hijos, y además trabajan muchas horas. Sin que haya ningún divorcio por medio, un adulto puede ser «padre ausente» simplemente porque…
Autor: Pablo J. Ginés
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