México, 1 de julio de 1926: los católicos y la Iglesia están bajo una persecución creciente. La Ley Calles, promulgada dos semanas antes por el presidente Plutarco Elías, comenzaba a hacer duros estragos en la vida religiosa del país, pero los católicos, ya organizados, querían agotar la resistencia pacífica antes de alzarse en armas. Fue entonces cuando el beato y mártir Anacleto González Flores jugó una de sus últimas cartas en una guerra a punto de ser declarada: el boicot.
El primero de julio, los globos que ascendieron por el cielo de la ciudad de México fueron la señal acordada para dar comienzo a la ofensiva económica. Desde ese momento, buena parte de la convencida mayoría católica del país siguió a sus sacerdotes en una maniobra que pretendía exigir al gobierno la derogación de las medidas contrarias a la Iglesia a través de la asfixia económica.
Autor: José María Carrera
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