Más de una vez se ha apuntado el carácter contradictorio de los postulados de la ideología animalista, pues, al mismo tiempo que equipara a la especie humana con todas las demás, le exige un comportamiento hacia el resto de especies que éstas no guardan entre sí. Es una contradicción de la que resulta imposible escapar, porque solo hay una especie capaz de modificar su comportamiento en base a un principio moral (un «deber ser»): la especie dotada de razón para entenderlo, ponderarlo y aplicarlo.
En síntesis: solo porque el ser humano es «superior» podemos intentar convencerle del desvarío que supone rechazar ese estatus y actuar como si no lo fuera.
Una «ideobiología» sentimental y autodestructiva
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Autor: ReL
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