Han pasado tres meses desde la elección de León XIV. Tres meses en los que no hemos sabido gran cosa de lo que piensa Su Santidad, más alla de los discursos y homilias oficiales. No hay entrevistas programadas, ni especiales en La Civiltà Cattolica, ni charlas improvisadas sobre el sentido profundo de un bonsái mutilado. Apenas un breve canutazo en Santa María de Galleria.
Y no se echa de menos.
Porque no es que resultara imprescindible el estilo francisquista de abrir la boca cada cuatro horas para compartir impresiones sobre perros, fútbol, madres absorbentes, conejas o metáforas del infierno. Uno acaba agradeciendo el silencio. La pausa. Ese ejercicio anticuado —y a estas alturas subversivo— de no estar en todas partes todo el tiempo.
León no se ha hecho retratar en el papamóvil. No ha salido en el sello con gesto de monaguillo perplejo. No ha grabado vídeos selfie…
Autor: INFOVATICANA
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