El otro día viví una experiencia que me ha dejado pensando profundamente. Fui a almorzar con unos amigos a la hospedería del Valle de los Caídos. Mientras estaba sentada a la mesa, se me acercó una antigua compañera del colegio. Aunque no estuvo en mi misma clase, compartimos COU, lo que hoy sería segundo de bachillerato. Nuestra amistad, en su momento, terminó de forma abrupta, y he de admitir que mi actitud no estuvo a la altura; me comporté de manera egoísta y dejé mucho que desear. Desde entonces, no habíamos vuelto a vernos en cuarenta años, y ese sentimiento de no haber actuado bien siempre había pesado sobre mi conciencia.
Autor: Beatriz Ozores
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