El P. José era claramente pesimista en lo que él veía una deriva hacia el abismo de toda la Iglesia católica. Por eso, fatalmente, nos decía a sus alumnos:
– Tal y como está la Iglesia hoy, salvarnos, lo que se dice salvarnos, el papa, yo, y algún que otro obispo.
Y lo del papa, en su fuero interno, no creo que lo tuviera nada claro, porque era Pablo VI y no era precisamente de su devoción.
Frente a estas ideas del P. José, surgían otras mucho más amables y cordiales. Época en la que se aceptó por muchos católicos, entre los que debemos colocar sesudos profesores de teología, esa teoría según la cual, al ser Dios infinitamente bueno y misericordioso, no podía admitirse la mera existencia del infierno. Estos eran los más radicales. A su lado, los que buscaban pasar por más ortodoxos, aceptaban la existencia del infierno, aunque vacío, por supuesto.
Autor: Jorge González Guadalix
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