En un acto que podría ser la trama de una de esas telenovelas que tanto le gustan a la parroquia, el Padre Ángel, ese cura tan amigo de la farándula y las causas de la izquierda, ha decidido cerrar la delegación de Mensajeros de la Paz en Toledo, afectando a nueve trabajadores.
Claro, él tiene todo el derecho de tomar esta decisión, después de todo, ¿quién dijo que las ONGs no pueden tener sus crisis económicas o estratégicas? Pero, ¿y si aplicamos la misma vara de medir que el Padre Ángel usaría con cualquier pequeño empresario?
Imaginemos la escena: el Padre Ángel, con su mejor cara de preocupación social, criticando a un empresario que cierra su negocio, dejando a sus empleados en la calle. «¡Qué falta de solidaridad! ¡Pensar solo en los números y no en las familias!», diría con esa voz que tanto gusta en los platós de televisión. Pero ahora, al verse en…
Autor: Jaime Gurpegui
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