Por Robert Lazu Kmita
Hace unos años asistí a una conferencia impartida por un sabio abad benedictino, quien relató una experiencia vivida durante un viaje a los monasterios ortodoxos del Monte Athos. Lo que describió fue un episodio directamente relacionado con la veneración de las imágenes sagradas en la tradición oriental.
Un padre peregrino entró en una iglesia llevando de la mano a su pequeño hijo. Con pasos firmes y lentos, se acercó a un icono de Nuestro Señor Jesucristo. Se inclinó ante él, hizo la señal de la Santa Cruz y besó el icono. Luego alzó a su pequeño, que besó ruidosamente a Cristo Salvador, como se besa a la propia madre en la mejilla.
El monje evocó este episodio subrayando la naturalidad del gesto. Todos fuimos testigos de una auténtica lección de buenas maneras sagradas, presentada por alguien que sabía lo que significa adorar a Dios Hijo,…
Autor: The Catholic Thing
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