Por el P. Paul D. Scalia
“¡Gracias a Dios que no soy como ese fariseo!” Si esa fue tu reacción al Evangelio de hoy (Lc 18, 9-14), probablemente has perdido el punto central. Porque hay más de un poco del fariseo en cada uno de nosotros, y no suficiente del publicano. Nuestro Señor presenta la parábola como dos hombres distintos en el Templo de Jerusalén. Pero bien podrían ser dos hombres dentro de cada uno de nosotros. Representan la batalla entre el orgullo y la humildad que se libra en nuestras almas.
El orgullo es la atención desordenada al yo. Solemos asociarlo con la altivez, con la autoexaltación que vemos en el fariseo. Pero eso es solo una de sus manifestaciones. En el fondo del orgullo se encuentra la autorreferencialidad, ese pensamiento que encierra al hombre en sí mismo (incurvatus in se) y lo incapacita para abrirse a Dios y a la gracia.
El orgullo aísla….
Autor: The Catholic Thing
Los 12 pasos que nos llevan a la esclavitud del orgullo, según San Bernardo
El orgullo adopta muchas formas y nos conduce sutilmente hacia la ruina espiritual. Descubre en este artículo los 12 pasos que nos esclavizan al orgullo, tal como los describe San Bernardo….
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…
La Iglesia al fin de los tiempos
Artículo realizado por el Padre Emmanuel André X. El Advenimiento del Juez Supremo Vano es intentar precisar la hora en que tendrá lugar el segundo advenimiento de Nuestro Señor,siendo como es…



















