Por el P. Paul D. Scalia
“¡Gracias a Dios que no soy como ese fariseo!” Si esa fue tu reacción al Evangelio de hoy (Lc 18, 9-14), probablemente has perdido el punto central. Porque hay más de un poco del fariseo en cada uno de nosotros, y no suficiente del publicano. Nuestro Señor presenta la parábola como dos hombres distintos en el Templo de Jerusalén. Pero bien podrían ser dos hombres dentro de cada uno de nosotros. Representan la batalla entre el orgullo y la humildad que se libra en nuestras almas.
El orgullo es la atención desordenada al yo. Solemos asociarlo con la altivez, con la autoexaltación que vemos en el fariseo. Pero eso es solo una de sus manifestaciones. En el fondo del orgullo se encuentra la autorreferencialidad, ese pensamiento que encierra al hombre en sí mismo (incurvatus in se) y lo incapacita para abrirse a Dios y a la gracia.
El orgullo aísla….
Autor: The Catholic Thing
8 razones que explican por qué muchos católicos ni evangelizan ni se lo han planteado ni plantearán
Dwight Longenecker es un conocido sacerdote católico con amplia experiencia. Converso al catolicismo su camino hacia la Iglesia fue paulatino pues pasó de pastor fundamentalista protestante a evangélico de tipo carismático, luego…
Los beneficios de la oración
“Más que nada, la oración te permite echar un vistazo a tu interior y alinearlo con el corazón de Dios. La oración no es un monólogo en el cual nos…
Las profecías de León XIII y su exhortación a rezar el rosario
El Papa León XIII escribió en muchas de sus encíclicas, entre ellas una que cumplió 130 años el pasado 22 de septiembre, Octobri mense, la importancia de rezar el Santo Rosario…



















