Roma y las ruinas sin dueño
En los pasillos vaticanos nadie lo dirá en voz alta, pero la historia se repite con una regularidad casi matemática: Roma nunca disuelve lo que no puede heredar. La prueba está en la Legión de Cristo. Después del escándalo monumental de Marcial Maciel —abusos, mentiras, dinero, poder—, lo lógico habría sido suprimir la congregación, extirpar el tumor y cerrar el capítulo. Pero no: se intervino, se reformó, se cambiaron nombres y estatutos, y se dejó que el cuerpo se enfriara solo. ¿Por qué? Porque no había nada que ganar. Solo deudas, pleitos y edificios hipotecados.
El Vaticano descubrió entonces que la Legión, como casi todos los movimientos de éxito en el siglo XX, había aprendido la lección jurídica antes que la teológica: todas las propiedades importantes estaban en manos de fundaciones y sociedades civiles. Las…
Autor: Carlos Balén
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