Ante la pregunta de si se puede dejar de ser homosexual y hacerlo al margen de las llamadas terapias de conversión, la respuesta generalizada es un rotundo «no», asumiendo que, como mucho, solo es posible la «represión» de una tendencia que siempre estará ahí. Pero de entre los muchos casos que refutan esta sentencia, el de Tove y Bjørn Refstand es especialmente representativo.
Residentes en Tørboda (Suecia), se encuentran celebrando sus 36 años de un feliz matrimonio. Cuentan a Christian Network Europe que hubo un momento en su vida en que se convirtieron en personas «completamente nuevas», en la que «lo viejo desapareció y todo se volvió nuevo«. Incluidas las prácticas y relaciones homosexuales de ambos e incluso adicciones que conllevarían sórdidas y agresivas «terapias de choque».
Una infancia dura desencadenó problemas de identidad
En el caso de Bjørn, empezó a…
Autor: José María Carrera
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