Hay evangelios que no se leen: te atraviesan como un rayo inesperado. Versos que no se escuchan: te desgarran por dentro y te obligan a detenerte. El de hoy —“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré” (Mt 11,28)— no es una frase bonita para tarjetas; es un grito divino que sacude el alma, una promesa radical que desafía nuestro orgullo y una invitación urgente para quienes ya no pueden más. Para los que se levantan con el corazón agotado. Para quienes ocultan su cansancio detrás de sonrisas forzadas. Para quienes caminan mientras sienten que se deshacen por dentro.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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