Nunca tuve que defender la educación diferenciada hasta que descubrí que, para muchos, era casi una rareza. Yo simplemente la viví. Crecí en un colegio femenino, rodeada de mujeres que enseñaban no solo materias, sino modos de estar en el mundo. Y lo curioso —lo que siempre desconcierta a quien me pregunta— es que no me ha generado ni un solo problema en mis relaciones con los hombres. De hecho, a veces pienso que quienes temen que un colegio femenino te vuelva incapaz de tratar con el sexo masculino quizá estén proyectando algo más suyo que mío. Mi experiencia fue exactamente la contraria: haber sido educada entre mujeres me preparó mejor para relacionarme con todos, también con los hombres, desde la seguridad interior, la identidad bien plantada y una autoestima que no dependía de miradas ajenas.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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