Nunca tuve que defender la educación diferenciada hasta que descubrí que, para muchos, era casi una rareza. Yo simplemente la viví. Crecí en un colegio femenino, rodeada de mujeres que enseñaban no solo materias, sino modos de estar en el mundo. Y lo curioso —lo que siempre desconcierta a quien me pregunta— es que no me ha generado ni un solo problema en mis relaciones con los hombres. De hecho, a veces pienso que quienes temen que un colegio femenino te vuelva incapaz de tratar con el sexo masculino quizá estén proyectando algo más suyo que mío. Mi experiencia fue exactamente la contraria: haber sido educada entre mujeres me preparó mejor para relacionarme con todos, también con los hombres, desde la seguridad interior, la identidad bien plantada y una autoestima que no dependía de miradas ajenas.
Autor: Matilde Latorre de Silva
Jacinta Marto, la pastorcita que nos enseña el valor del sacrificio
El 20 de febrero se cumplió el centésimo aniversario de la muerte de Santa Jacinta Marto, la pastorcita de Fátima fallecida en Lisboa con solo diez años. Todos conocemos la…
8 Claves para activar y acercar más fieles a nuestra parroquia
Ahora es cuando se necesita recuperar la vida Espiritual y la Fe, que nos llevará a la felicidad y tranquilidad anhelada. En este artículo te daremos algunas ideas…seguir leyendo
Articulo Juan Manuel de Prada ‘Un Poco de Paciencia’
Terminábamos nuestro artículo anterior con una observación muy atinada de Concepción Arenal, que nos alertaba sobre los males más pavorosos, que no son los que «las leyes condenan y la…



















