Cada noche, a una de las quince monjas que viven en el Monasterio de Santa Teresa de Ayacucho (Perú) le corresponde hacer guardia en lo alto del coro, recostada en una vieja cama y en medio de un gran caos de mobiliario colonial.
La religiosa debe tener el sueño ligero: debe estar alerta de cualquier ruido que indique la presencia de un extraño. La priora cuenta al diario peruano El Comercio que, semanas atrás, ladrones armados con una sierra perforaron la puerta lateral, pero huyeron al oír el silbato de la hermana que dio la alarma.
Obras del «barroco ayacuchano»
Sin embargo, hace tres años no tuvieron la misma suerte: varios candelabros de plata fueron robados. Así de angustiosas son las noches para estas monjas carmelitas, aunque las puertas del monasterio hayan sido reforzadas con planchas de metal.
El martes por la mañana, las hermanas suspendieron por un momento…
Autor: ReL

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