El Domingo de Ramos abre la Semana Santa. Es el primer acto de un drama divino y humano que, atravesando el Calvario, desemboca, al tercer día, en la mañana de Pascua. La piedad popular, tras el gozo de las aclamaciones del Domingo de Ramos, tiende a acentuar los misterios de dolor del Nazareno, compartidos por su Madre, la Virgen de los Dolores: Del Calvario subiendo a la cumbre/ el reo divino a su madre encontró,/ y una espada de filos agudos/ del Hijo y la Madre hirió el corazón, canta un Via Crucis popular al contemplar la cuarta estación.
No obstante, si queremos transitar del signo al misterio, de lo que aparece a lo que es en realidad, el subrayado no debería centrarse en la cantidad del dolor sufrido por otra parte, ¿quién podría medirlo? sino en la singularidad del Doliente. La Semana Santa nos interroga acerca de la identidad última de Jesús…
Autor: Guillermo Juan Morado
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