Algo está cambiando, y para bien. La gente joven se está replanteando la fe que generaciones anteriores pensaron que estaba de sobra. Hoy, ante una sociedad que no logró cumplir sus promesas de un mundo feliz y completo sin Dios, surgen nuevas búsquedas. Jóvenes que, por ejemplo, hablan de haber descubierto los ejercicios de san Ignacio de Loyola o que aprovechan algún rato libre de su trabajo para ir a una capilla cercana y tener un momento con el Santísimo. Es cierto: esto todavía no se traduce en un aumento considerable en el número de seminaristas o de matrimonios por la Iglesia; pero es comprensible que lleve su tiempo, considerando que provienen de contextos secularizados.
Autor: Carlos J. Díaz Rodríguez
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