Por el P. Benedict Kiely
“Oh Dios, sé propicio y bendícenos y deja que tu rostro haga brillar su luz sobre nosotros.” Así comienza el Salmo 68, que suele rezarse en el Oficio Diario, o Breviario, al inicio del día. En el Evangelio de san Juan, Felipe dice a Jesús: “Muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús responde: “Felipe, quien me ha visto a Mí ha visto al Padre”. La luz que brilla del rostro de Cristo es la luz del Padre. La bendición de contemplar el rostro de Cristo es el don que pronto celebraremos en Navidad: Dios se ha hecho hombre, y podemos mirarlo.
Esta es la razón por la que veneramos las imágenes sagradas y, de modo especial, los iconos, por la Encarnación. No adoramos las imágenes, pero se convierten en una ventana, un portal, mediante el cual podemos entrar en el misterio divino y tener, en un sentido muy real, un encuentro con Aquel que en…
Autor: INFOVATICANA
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