En Los conservadores y la revolución, Álvaro Delgado-Gal dedica dos capítulos al arte contemporáneo y la literatura. Parecen digresiones del hilo político de su chispeante ensayo. Todo lo contrario. Las pruebas más evidentes de que la crítica conservadora es acertada son los resultados artísticos y literarios a los que ha abocado la postmodernidad revolucionaria.
La cosa viene de lejos. Iré rápido. El subjetivismo que fue imponiéndose a medida que abandonábamos el pensamiento aristotélico-tomista no sólo daba la espalda a la verdad. También a cualquier concepto objetivo de belleza. Todo se hacía descansar sobre la opinión o el gusto. Nadie negaría lo importante que es el gusto, pero no puede dejarse solo como único criterio de apreciación artística.
Todavía peor. Era arte lo que se lo pareciese al espectador; pero el artisteo vio ahí su ventana de…
Autor: Enrique García-Máiquez

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