Por P. Thomas Kuffel
La oración, esa escurridiza conversación con Dios, confunde a muchos, como nos recuerda san Pablo: «No sabemos orar como conviene». (Romanos 8,26) El Espíritu, que ora en nosotros «con gemidos inefables» (Romanos 8,26), escudriña nuestros corazones, revelando nuestros secretos más profundos, miedos, sueños y deseos. Esta revelación interior inquieta nuestra conciencia, pues nos enfrenta con la realidad de nuestra propia miseria y pecado.
Pero también nos muestra la profundidad del amor del Padre, revelado en Jesús y en el Espíritu, un amor que asusta a nuestra alma al experimentar la fuerza y presencia de su pureza, que purifica nuestros corazones debilitados. El Amor divino está totalmente más allá de toda comprensión, como explica san Pablo:
«Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre concibió lo que Dios tiene preparado para…
Autor: The Catholic Thing
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