Ocurrió hace ochenta y siete años. La madre Apolonia Lizárraga, superiora de una congregación de Carmelitas de la Caridad, fue detenida en la Barcelona de los días del terror anarquista y, tras un breve paso por la famosa checa de San Elías, fue torturada y descuartizada viva por negarse a apostatar. Sus restos fueron dados a comer a los cerdos y, posteriormente, hecha la matanza, se anunció la venta de “chorizo de monja”.
Es sólo un caso entre tantos otros de persecución religiosa en la España de 1931-1939. Los hubo numerosos y atroces, y están documentados (no se trata meramente de tradiciones piadosas), pese a lo cual se habla poco de ellos. Fuera del eco que tienen en algunos medios católicos cuando es noticia el acto formal de una beatificación o canonización, se tiende a silenciar aquellas enormidades. Podrían dar mucho juego como tema literario y no digamos…
Autor: Enrique Álvarez

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