Karina Plasencia ha superado ya la treintena y nació en una familia católica muy practicante, de hecho tiene un hermano sacerdote Legionario de Cristo. Pero, no siempre fue así, a medida que crecía, iba dejando a Dios cada vez más fuera de su vida.
«Estaba llena de sufrimiento, de vacíos existenciales y el maligno se aprovechó de mi malestar y quiso hacer un plan con mi vida. Él conoce nuestras debilidades, él también conoce nuestra historia y se aprovecha de esto», comenta Karina.
Una ‘identidad’ desde el dolor
La mexicana tuvo una infancia con muchas heridas de abandono, de rechazo, de abuso y de humillación. «Siempre sentí que no era amada por mis padres, ni por mis hermanos, sentía que no era suficiente, que había decepcionado las expectativas que todos tenían y habían puesto en mí. Todo esto me llevó a rebelarme, sentía una profunda injusticia», relata.
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Autor: Juan Cadarso
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