Ayuno. ¡Qué palabra tan incomprendida y menospreciada es el ayuno! En el mundo de la aparente abundancia en que vivimos ¿Quién puede desear ayunar? ¿Quién puede necesitar alejarse de sus necesidades y deseos para encontrarse con sí mismo y a Dios? En el milenio de la inmediatez y del hedonismo, no es fácil ayunar y no lo es por tres razones.
- Desconocemos realmente los bienes que nos reporta ayunar. Les tememos. Si nos planteamos ayunar, intentamos recrear el ayuno a nuestra medida y conveniencia, para autoengañarnos con sucedáneos.
- No hemos aprendido a ver más allá de las apariencias del mundo. ¿Sientes algo de apetito? Tenemos cientos de ofertas de bolsitas de golosinas, panes rellenos y miles de opciones para olvidarnos de nuestra debilidad. Preferimos olvidar que nada somos por nosotros mismos.
- El ritmo de vida actual nos impone de comer, beber y consumir…
Autor: La divina proporción
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