Mons. Argüello ha hecho bien en recordar una verdad incómoda: mientras algunos gobiernos occidentales legislan con creciente sensibilidad para evitar el sufrimiento animal, permiten —y amplían— la eliminación sistemática de vidas humanas inocentes mediante el aborto. La reciente decisión del Reino Unido de prohibir cocer vivos cangrejos y gambas contrasta de forma hiriente con la cifra de más de 250.000 abortos registrados en Inglaterra y Gales en 2022 y con la posterior ampliación de su despenalización. Señalar esa contradicción moral no es demagogia: es un deber.
Sin embargo, la reflexión queda incompleta cuando se mira solo fuera. Porque el aborto no es un problema exclusivamente británico. También es un problema español. Y grave.
Los datos oficiales no admiten eufemismos. En España, el número de abortos no deja de crecer. En 2024 se practicaron más de…
Autor: INFOVATICANA
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