Cada final de año llega con su liturgia paralela, que no aparece en el Misal, pero se repite con una fe casi sacramental: aparece, la lista de propósitos de Año Nuevo. Comer mejor, dormir más, hacer ejercicio, leer veinte libros, beber menos café, beber más agua, sonreír más, enfadarse menos. Como si el 1 de enero trajera incorporado un ser humano nuevo, más disciplinado, más equilibrado y, sobre todo, más capaz.
Autor: Matilde Latorre de Silva
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